Carta...
No suelo ser buena con las palabras... Tú lo sabes... Y siempre me come
la lengua el gato cuando tengo que decir cosas importantes. Dicen que
somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras, pero
en el mundo de mi cabeza todo suele estar al revés. Delante de un papel... El tiempo se detiene y "todas las cosas que dejé
de decirte" forman por fín sentido. Ese "gracias" al abrirme la puerta
se torna en un "te quiero" y el suspiro al despedirnos es una forma de
contar el tiempo hasta que volvamos a vernos. Nunca supiste leer en los gestos, ni yo expresarme debidamente.
Rememoro una y otra vez el momento en que nos conocimos. Un juego del
destino, que teniéndonos tan cerca decidió soplar para que
trastabilásemos y cayésemos. Un elemental de tierra y un espíritu de
fuego... He decidido dejarte lo mejor de mi alma, con paciencia y ternura... Eres
mi sueño... Mi estrella... El duende al que no temo sonreír, y al que
deseo consagrar lo que me queda de vida.


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