viernes, diciembre 22, 2017

Carta...

No suelo ser buena con las palabras... Tú lo sabes... Y siempre me come la lengua el gato cuando tengo que decir cosas importantes. Dicen que somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras, pero en el mundo de mi cabeza todo suele estar al revés. Delante de un papel... El tiempo se detiene y "todas las cosas que dejé de decirte" forman por fín sentido. Ese "gracias" al abrirme la puerta se torna en un "te quiero" y el suspiro al despedirnos es una forma de contar el tiempo hasta que volvamos a vernos. Nunca supiste leer en los gestos, ni yo expresarme debidamente. Rememoro una y otra vez el momento en que nos conocimos. Un juego del destino, que teniéndonos tan cerca decidió soplar para que trastabilásemos y cayésemos. Un elemental de tierra y un espíritu de fuego... He decidido dejarte lo mejor de mi alma, con paciencia y ternura... Eres mi sueño... Mi estrella... El duende al que no temo sonreír, y al que deseo consagrar lo que me queda de vida.