Regreso
Me dolía el corazón. Salí a pasear como cada tarde en que me faltaba el aire en la ciudad. No lejos de mi casa hay un parque: el García Sanabria, donde todos los pesares se achican ante el vuelo de mirlos y gorriones.
E-Hola
E-Hola
Nunca una palabra había conseguido anclarme tan fuertemente
al suelo... entumeciendo todo mi cuerpo
en el esfuerzo de no ceder a las leyes de la gravedad.
Z-¿Ester?
Y como respuesta una sonrisa.
¿Cuánto hacía que no
la veía? ¿Cuánto desde que nos conocimos? En aquellos tiempos me atrajo la magua congelada tras tus perdidos ojos... esos mismos que ahora eran fuego y confianza.
Había florecido, como las solitarias flores de Black Baccara, y me costaba en
su presencia ser la persona sosegada que la dejó marchar. Jugaba con su pelo la brisa otoñal, y por un momento pencé que podía ser sólo parte de las voces que me siguen... un paso más en una enfermedad a la que no quiero dar cura.
E-¿Sigues con las viejas costumbres?
Z-Si funcionan ¿por qué cambiar?
Se cogió de mi brazo... y su calidez me convenció de su innegable realidad.
E-¿Te acuerdas de aquella noche en el hotel?
Z-Llevabamos todo el día juntas y nos sorprendió la oscuridad demasiado lejos de nuestras respectivas casas, demasiado cansadas para conducir y con el corazón tan lleno que separarnos habría resultado imposible. Me acuerdo de cada detalle... de los tres escalones y sus azulejos... de la canción que pusiste en el celular cuando, escondiéndonos de nuestras sombras, entramos en el cuarto... me acuerdo de tu voz... y de quedarme dormida mecida entre tus brazos.
Pasamos por los corredores de bambú y nos sentamos en uno de los bancos al abrigo de miradas indiscretas
E-¿Sigues con las viejas costumbres?
Z-Si funcionan ¿por qué cambiar?
Se cogió de mi brazo... y su calidez me convenció de su innegable realidad.
E-¿Te acuerdas de aquella noche en el hotel?
Z-Llevabamos todo el día juntas y nos sorprendió la oscuridad demasiado lejos de nuestras respectivas casas, demasiado cansadas para conducir y con el corazón tan lleno que separarnos habría resultado imposible. Me acuerdo de cada detalle... de los tres escalones y sus azulejos... de la canción que pusiste en el celular cuando, escondiéndonos de nuestras sombras, entramos en el cuarto... me acuerdo de tu voz... y de quedarme dormida mecida entre tus brazos.
Pasamos por los corredores de bambú y nos sentamos en uno de los bancos al abrigo de miradas indiscretas
E-¿Qué me dirías si te dijese que nuestro encuentro no ha sido casual?
Z-Diría que parece "muy tú"...-consegí contener una carcajada- y que me alegro por ello
Se giró, clavando sus pupilas en las mías y endureciendo su semblante.
E-No regresaste
Mire las puntas de mis zapatos como si la verdad del mundo se escondiera en sus costuras. Respiré hondo y volví a sumergirme en sus oscuros ojos. En el acantilado del fin del mundo donde las aguas se precipitan al vacío.
Z-Nosotras... -Pero sus labios acallaron mis labios.
Fuimos por un momento estatuas, perdidas en el tiempo que había pasado para todos excepto nosotras. Entrelazamos nuestras manos.
Z-Nosotras... -Pero sus labios acallaron mis labios.
Fuimos por un momento estatuas, perdidas en el tiempo que había pasado para todos excepto nosotras. Entrelazamos nuestras manos.
E-¿Desde cuándo?
Z-Al despuntar el alba me di cuenta de que mi corazón descansaba ya entre las lilas sedas de tus alas
Se levantó como la brisa en primavera. Ligera y fragante. Tomó del bolsillo de su pantalón una carta y me la entregó como si de un tesoro se tratase: su dirección y una frase "Siempre has sido mi deseo". Cuando terminé de leerla ya se alejaba dando juguetones saltitos como los niños que fuimos.
Z-Pensé que yo no era suficiente- pero sólo me escucharon los árboles
Tú que fuiste en una noche perla y negro terciopelo, vuelves tras tantos años para recordarme entre besos que siempre tuviste razón... y yo siempre he estado equivocada.
Z-Al despuntar el alba me di cuenta de que mi corazón descansaba ya entre las lilas sedas de tus alas
Se levantó como la brisa en primavera. Ligera y fragante. Tomó del bolsillo de su pantalón una carta y me la entregó como si de un tesoro se tratase: su dirección y una frase "Siempre has sido mi deseo". Cuando terminé de leerla ya se alejaba dando juguetones saltitos como los niños que fuimos.
Z-Pensé que yo no era suficiente- pero sólo me escucharon los árboles
Tú que fuiste en una noche perla y negro terciopelo, vuelves tras tantos años para recordarme entre besos que siempre tuviste razón... y yo siempre he estado equivocada.



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