Hoja de arce
El cielo y el suelo... y tú entre todos ellos. No consigo tocarte pero te siento. No consigo verte pero todo lo demás delata tu presencia. Me rodeas y recoges palabras que ya rondaban en mi mente hace tiempo. Me abrazas pero no estoy segura de si los abrazos son para mí. Sigo sintiendome una ladrona en un mundo ajeno. Los tomé sin remordimiento. Los guardé en esa parte del alma que habla de ti... y te devolví el abrazo, como hacen las hojas de arce y el viento.
Caimos mansamente, y al llegar al suelo la oscuridad del sueño nos hizo olvidar. Somos lo que siempre fuimos: dos extraños que por un instante entendieron el mundo. Una inocente paradoja. Diminutos detalles de un mundo que sigue adelante con y a pesar de nosotros.
Caimos mansamente, y al llegar al suelo la oscuridad del sueño nos hizo olvidar. Somos lo que siempre fuimos: dos extraños que por un instante entendieron el mundo. Una inocente paradoja. Diminutos detalles de un mundo que sigue adelante con y a pesar de nosotros.


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