Un sueño más.
Hay personas que nacen dentro de la sociedad, personas que
nacen fuera y personas que, para bien o para mal, nacen y viven en la delgada
línea que separa los dos mundos. Yo soy una de esas personas… mi hogar son las
calles periféricas de la gran urbe. Mi trabajo… lo entenderéis mejor si os
relato uno de ellos.
Jack, uno de los colegas de mi clan que nació con el don de
los ordenadores, me informó de que un nuevo cargamento estaba en camino. Me
mezclé entre la gente de todas las alturas y colores que atestaban la calle y
me dirigí hacia el consulado de
inmigración. Llegar hasta allí no es difícil, y una vez dentro me toca
esconderme y esperar. No mucho después de mi llegada, traspasó la puerta una
mujer de tez aceitunada con una camisa y pantalones modernos y una gran maleta.
Se dirigió a la recepcionista y le informó de que tenía una entrevista para
entrar en el país. La recepcionista la dirigió a una sala a parte, para mi júbilo,
cerca de los baños, por lo que pude seguirlas sin levantar sospechas. Una vez allí le indicó que debía atarse a una
de las piernas una soga.
-¿Cómo si fuera una cabra?
-Lo siento señora. Sólo será hasta que se realice la
entrevista. Por los recortes de presupuesto no disponemos de tecnología de
seguimiento de última generación.
La extranjera abrió mucho los ojos, sopesó varias ideas y
finalmente afirmó con la cabeza.
-He venido porque quiero pertenecer a esta nación. Si este
es el requisito para la entrevista, está
bien.
La secretaria le ayudó a colocársela y luego abandonó la
estancia. Tras unos minutos regresó.
-Prepárese. La delegada general la atenderá ahora.
-Hace mucho que estoy preparada. Sólo el hecho de llegar
hasta aquí me ha levado mucho tiempo, que he invertido en reflexionar sobre
este momento.
-Creo que no me ha entendido… am… para realizar la
entrevista tiene que llevar puesto un traje típico de su país.
Los ojos de la extranjera volvieron a abrirse de par en par.
-Pero… eso no estaba en la solicitud…pensé que debía venir
con la ropa usual de aquí… y lo único típico de mi país que llevo en la maleta es
mi traje de boda.
-Servirá.
La extranjera cambió la camisa y pantalones por un
intrincado shari.
-Ok, ya está.
-Am… falta un último detalle- y le mostró una circunferencia
de metal dividida en dos trozos iguales por una pequeña barra.
-¿Unas esposas? No soy una persona peligrosa… aunque
quisiera serlo, tengo cuarenta años y una complexión pobre… no creo que sea
necesario.
-No es para las manos… es para la boca. No se va a echar
atrás después de tanto trabajo ¿no?
-¿Como a un caballo?
-Tranquila, es muy cómodo y sólo tendrá que llevarlo en la
entrevista.
-¿Y cómo responderé a las preguntas?
-Usted sólo limítese a asentir. Es puro trámite.
-¿Y mis cosas?
-Tranquila, este es el país de las oportunidades y la
abundancia. A donde va, no va a necesitar todo esto.
Atada, segregada y amordazada
la extranjera abandonó la habitación.
Tras un breve periodo de tiempo y antes de que pasara el
personal de limpieza para deshacerse de los bártulos, yo, poco más que un simple espectador, me llevé todo aquello que podría ser útil en un mundo libre.


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