miércoles, febrero 05, 2014

Un sueño más.



Hay personas que nacen dentro de la sociedad, personas que nacen fuera y personas que, para bien o para mal, nacen y viven en la delgada línea que separa los dos mundos. Yo soy una de esas personas… mi hogar son las calles periféricas de la gran urbe. Mi trabajo… lo entenderéis mejor si os relato uno de ellos.
Jack, uno de los colegas de mi clan que nació con el don de los ordenadores, me informó de que un nuevo cargamento estaba en camino. Me mezclé entre la gente de todas las alturas y colores que atestaban la calle y me dirigí hacia el  consulado de inmigración. Llegar hasta allí no es difícil, y una vez dentro me toca esconderme y esperar. No mucho después de mi llegada, traspasó la puerta una mujer de tez aceitunada con una camisa y pantalones modernos y una gran maleta. Se dirigió a la recepcionista y le informó de que tenía una entrevista para entrar en el país. La recepcionista la dirigió a una sala a parte, para mi júbilo, cerca de los baños, por lo que pude seguirlas sin levantar sospechas.  Una vez allí le indicó que debía atarse a una de las piernas una soga.
-¿Cómo si fuera una cabra?
-Lo siento señora. Sólo será hasta que se realice la entrevista. Por los recortes de presupuesto no disponemos de tecnología de seguimiento de última generación.
La extranjera abrió mucho los ojos, sopesó varias ideas y finalmente afirmó con la cabeza.
-He venido porque quiero pertenecer a esta nación. Si este es el requisito para la  entrevista, está bien.
La secretaria le ayudó a colocársela y luego abandonó la estancia. Tras unos minutos regresó.
-Prepárese. La delegada general la atenderá ahora.
-Hace mucho que estoy preparada. Sólo el hecho de llegar hasta aquí me ha levado mucho tiempo, que he invertido en reflexionar sobre este momento.
-Creo que no me ha entendido… am… para realizar la entrevista tiene que llevar puesto un traje típico de su país.
Los ojos de la extranjera volvieron a abrirse de par en par.
-Pero… eso no estaba en la solicitud…pensé que debía venir con la ropa usual de aquí… y lo único típico de mi país que llevo en la maleta es mi traje de boda.
-Servirá.
La extranjera cambió la camisa y pantalones por un intrincado shari.
-Ok, ya está.
-Am… falta un último detalle- y le mostró una circunferencia de metal dividida en dos trozos iguales por una pequeña barra.
-¿Unas esposas? No soy una persona peligrosa… aunque quisiera serlo, tengo cuarenta años y una complexión pobre… no creo que sea necesario.
-No es para las manos… es para la boca. No se va a echar atrás después de tanto trabajo ¿no?
-¿Como a un caballo?
-Tranquila, es muy cómodo y sólo tendrá que llevarlo en la entrevista.
-¿Y cómo responderé a las preguntas?
-Usted sólo limítese a asentir. Es puro trámite.
-¿Y mis cosas?
-Tranquila, este es el país de las oportunidades y la abundancia. A donde va, no va a necesitar todo esto.
Atada, segregada y  amordazada la extranjera abandonó la habitación.
Tras un breve periodo de tiempo y antes de que pasara el personal de limpieza para deshacerse de los bártulos, yo,  poco más que un simple espectador, me llevé  todo aquello que podría ser útil en un mundo libre.