I - El encuentro
Delante
la biblioteca del aulario de Guajara
Sus rojos
cabellos ondeaban al viento. Más que
esperarme parecía esculpida allí mismo. La vista perdida, pálida como la nieve.
Éramos las dos únicas almas ahora, tan cerca ya de la semana santa, a las que se
les ocurría ir a un templo del saber
-¿Puedes
dejarme un poco de tu sangre?
-Antes
de responder tengo dos preguntas… ¿cuánta? Y ¿cómo piensas extraerla?
Sacó un
elaborado puñal del bolsillo, afilado como un bisturí y que casi podría pasar
por un inofensivo abrecartas. Cogió mi mano.
-Apenas
será un pinchazo
-¿De
gratis? Tu orden no tenía un estricto canon…. Sobre estas cosas
-Por
eso yo soy un poco forajida
-Y por
eso yo he accedido a echarte una mano… aunque no estoy segura de si eso incluye
mi sangre… auch.
Una
gota carmesí. Estábamos jugando… realmente esta escena se repetía tanto entre
nosotras que me extrañaba que aún quedara algo en mis venas. Las cicatrices no eran un problema. Tenía muchas… y de una
forma peculiar, los cortes que ella me hacía, no solían dejar marcas… lo que
igual tenía algo que ver con que las brujas estaban constantemente cortando
cosas… y ya se sabe que la experiencia hace al maestro.
-¿Para
qué me necesitas?


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