Cuando no vale la pena luchar
Ojos fieros
con rudas palabras. Porque consideras mis palabras cuentos de hadas. Porque
crees que juego con eso que llamas ilusión. Vivo atrapado en mi propio tiempo.
En uno perfecto, tan distinto de ese en el que tú te criaste. Te ríes de mis
costumbres. Te mofas de mis creencias. Desdeñas aquello que heredé de los
padres de mis abuelos. Has olvidado el lenguaje de la tierra. Buscas en los
rincones salvajes aquello que jamás ha estado escondido. Necesitas de los
huracanados vientos en los acantilados de piedra, lo que yo encuentro bajo el
acolchado lecho del bosque o en el florecer de los almendros. Te autoproclamas civilizado
y me tachas de salvaje. Cambio de tema por no discutir. Regresas a ello. Te
regodeas en una frase sin sentido. Me canso de encausar un rio de termitas.
-¿En
qué piensas?
-En tus
ojos. Son bonitos.
No vale
la pena añadir que ahora no me reconfortan. Ofrezco mi mejor sonrisa y te
despido. De todas maneras vas a irte.



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