Me
miras con cara de muñeca, mientras declaras tu total soberanía. Delicada elfa…
arquera de mi reino. En tus blancas manos he depositado la esperanza. En tus
labios he guardado mi pasión. Este corazón que ya no es mío te acompaña por
propia convicción. Cazemos juntas en los
bosques de los cuentos, donde se esconde la entrada a otros reinos. Luchemos
por el placer de hacer cantar nuestras espadas… y abandonémonos al caer el sol
a nuestros más primitivos impulsos, mi piel contra tu piel, tus colmillos en mi
garganta, mis uñas arañando tu espalda y tus manos asiendo mis caderas. Rodemos
por el suelo intentando hacernos sólo una. Calentando nuestro lecho con
furtivos jadeos. Finalmente descansemos, bajo la mirada de la luna reflejada en
perlas de sudor, brillamos en la oscuridad de la noche.



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