El preludio
Lo
sentí como el fantasma de una herida, frío y callado penetrar en mi alma. El
principio de una idea que desembocó en un pensamiento consciente. Una abeja
extraña en mi colmena. Fue el retumbar de la tierra que precede a un
cataclismo. Un principio demasiado tranquilo para la destrucción que deja a su
paso. Escuché el suave goteo del agua de lluvia en el alfeizar de la ventana.
Las cartas cayeron al suelo boca arriba. Alguien había dejado en la baraja sólo
las cartas que deseaba. El duendecillo hizo sonar la campana de nuevo. Una
página más en blanco se añadió al libro del tiempo. Me dejé caer. No sé qué
hacer cuando me alejo del bosque entre cuyos árboles escondo mis cien caras. A
plena luz del día soy un Harvey Dent sin su moneda. Perdido espero la noche con
su suave brisa ¿Me guiará la luna?


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