-Dulce compañero. Brujos somos en este mundo donde la magia
es tabú. Déjame anidar en tu alma. Déjame compartir la carga que ha tejido tu
pasado. Creemos juntos sueños y esperanzas...Es tu presente fortuna y el futuro
el presente que os ofrezco.
-¿Y por qué harías tal cosa?
-En vuestros oscuros ojos yace la chispa que otros llaman
leyenda. Bajo obsidiana dormita el corazón de un ángel de fuego y hiel. Eres
brisa inquieta... y quiero todo eso. Soy avariciosa en mis deseos.
-¿Por qué debería creerte?
-En vuestras desnudas manos descansa la sonrisa que
deliberadamente olvidé. Vuestro deseo no
hablaba de personas... sino de esa sonrisa. Fue su reflejo lo que os guió hasta
mi. Es la sonrisa que habéis perseguido sin descanso. La que se ha detenido
fugazmente en otros labios. Vuestra
sonrisa.
-Las brujas siempre mienten
-No, eso es lo que hacen los humanos corrientes. Las brujas
te muestran las facetas esquivas de una exigua realidad. Voy a hablarte con
franqueza porque no encuentro divertimento alguno en referiros mis pensamientos
de otro modo: no puedo daros más pruebas que los momentos compartidos... no
puedo hacer que el tiempo pase más o menos rápido... pero si puedo esperar
paciente a que estos detalles sumen fuerza, y vistas esa sonrisa para mi... las
chispas prendan en llamas, la brisa desemboque en tornado... y Ávalon tenga un
nuevo significado.