Sólo una caricia
El tiempo pasa. Las lunas descienden y desaparecen. Caigo.
Me levanto con lo que siempre he tenido. Una exigua familia. Rosas... llenas de
espinas y con una sutil fragancia. Me gustaría que temblaran las hojas cuando
me siento herida, que las mariposas del averno revolotearan para ofrecerme el
consuelo de sus narcolépticas alas. Que las sirenas alzaran una plegaria que
zurciera mi etérea presencia a esta existencia. Pero no soy el centro del
mundo... de ningún mundo. Me levanto haciéndome un poco más fuerte cada día, un
poco más hosco. Alejándome un poco más del principio y acercándome al claro de las brujas donde he de decidir
cuánto me respeto a mí mismo.


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