viernes, junio 26, 2015

Sólo una caricia



El tiempo pasa. Las lunas descienden y desaparecen. Caigo. Me levanto con lo que siempre he tenido. Una exigua familia. Rosas... llenas de espinas y con una sutil fragancia. Me gustaría que temblaran las hojas cuando me siento herida, que las mariposas del averno revolotearan para ofrecerme el consuelo de sus narcolépticas alas. Que las sirenas alzaran una plegaria que zurciera mi etérea presencia a esta existencia. Pero no soy el centro del mundo... de ningún mundo. Me levanto haciéndome un poco más fuerte cada día, un poco más hosco. Alejándome un poco más del principio y acercándome al  claro de las brujas donde he de decidir cuánto me respeto a mí mismo.