domingo, septiembre 22, 2013

Origami...



Quiero ver… a través de tus ojos la pasión que nos consume. Quiero sentir el delirante burbujeo del océano que hace no mucho fue tranquilo. Quiero asistir a la caída de los muros del confín del mundo. Quiero descubrir a tu lado las nuevas páginas del libro del tiempo.
Deseo bailar, al ritmo que marca tu pecho. Descansar, sobre tu cálido cuerpo. Saciarme de ti entre carcajadas y jadeos.
Ansío aspirar tu perfume, saborearlo hasta caer inconsciente y que tus besos me roben de la muerte. Que me ofrezcas la aventura de tu vida, bajando hasta el infierno y convirtiéndolo en cielo. Construyendo juntos las nuevas reglas.
Y mientras… construyo pájaros de papel, para que remonten el vuelo y te enseñen el camino hasta la torre oscura, entre cuyos salvajes rosales escondo las respuestas a las preguntas que aún no has hecho.


domingo, septiembre 08, 2013

Dalai

El nuevo Lama ha nacido muy lejos de su tierra. Tanto que la estrella que marcó su nacimiento se escapó de las manos de los monjes y los cazadores de imperios. Pero en sueños sigue viendo el mundo que dejó atrás. En sueños llora por aquellos que compartieron su lecho y su muerte, y en su día a día, tras la máscara de porcelana, se esconden las lágrimas que no consigue derramar: por el hombre y la mujer a los que amó y que ahora, tras tanto tiempo, vuelve a encontrar. Otras historias son ahora sus vidas. Otra cultura y educación nublan ahora sus mentes. El amor es capaz de superar la muerte... pero no todo lo demás. Ni siquiera el "océano de sabiduría" puede trascender a los cambios que conlleva el continuo círculo de la vida. Todo encaja, pero como el puzle de un loco, cada pieza se retuerce en una sórdida copia de una historia que busca un final.
La imagen de un pendiente sin pareja sería la solución al enigma. La pieza que falta.
-¿Por qué querrías algo que no puedes ponerte?
-Es el símbolo por el que podrían reconocerme. La tiene mi único amigo... se la entregué en el lecho de muerte... aunque ahora él también debe haber emprendido el viaje... Pero no estoy seguro de que quiera que me encuentren...
-¿Qué hay aquí que te ate? ¿Por qué no regresar?
-Amor verdadero.
-¿Ellos lo recuerdan?
-No, pero yo no deseo olvidar.

sábado, septiembre 07, 2013

Un recuerdo que quemar...



Dos chicas hablaban despreocupadamente  en uno de los bares más recomendables de la ciudad universitaria, El Época cuando, como si del diablo se tratara, se acercó dando brincos un personaje peculiar
-¡Hola Tam! Gritó desde la puerta.
Una de las chicas se hundió un poco en su asiento mientras se arrebujaba innecesariamente en su sueter.
Nuestro personaje se acercó un poco más y siguió hablando
-Soy yo… y ya te he visto… además habíamos quedado ¿Si no por qué estás aquí?  
La chica volvió a erguirse y su cara demostró que el olvido había hurgado entre sus recuerdos, cogiendo prestados algunos de los que estaban reservados para este día... y devolviéndolos, como siempre, cinco minutos tarde.
-¿La boda?
-No. "La Boda". Esa Graaaaaannnnn Boooooda. Al menos vamos a juego-añadió con una sonrisa.
La tercera chica les dirió una mirada suspicaz, y mientras recogía sus cosas dejó bien claro su punto de vista.
-A mi no me metais en vuestros líos... nos vemos mañana... -y añadió con un poco de malicia- "Tam"
-Ese duende de ahí es el único ser al que no enviaré al infierno por llamar....
Pero la chica ya había avanzado varios metros y agitaba la mano sin mirar atrás para despedirse. 
-¿Estás segura de que unos baqueros y una camiseta blanca es un buen atuendo para una boda?
-Seguro. Vamos a juego. Además... resaltaremos. La gente se empeña en llevar vestidos curiosos y extraños sombreros... ¿es que te gustaría ir de pingüino?
Tam se estremeció
-No, no... estamos perfectas.    
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Un taxi y media hora después ya nos había catapultado hasta la siguiente ciudad. A la sala de un hotel en medio de la capital. Rodeadas de gente buscabamos a los afortunados entre amigos, conocidos... y desconocidos.
Un chico sobresalía, más por altura que por cualquier otra cualidad, entre la multitud.
-¿Quién es?
-¿Estás segura de que quieres saberlo?
-Más bién conocerlo ¿no es esa una de las atraccioes de estas celebraciones? Siempre me picoteas con lo de adquirir habilidades sociales...
 Dudé un instante... pero tenía razón. Siempre la picoteaba para que conociera gente nueva. Aparté las  reticencias de mi cabeza. Me vestí con una sonrisa, y  asiéndola de la mano reduje el espacio que nos separaba de aquel chico de cinco metros, a apenas uno.
-Hola. Cuánto tiempo -comencé- no esperaba hablar contigo hoy, pero mi compañera ha decidido conocerte... A mi derecha, Tam -La chica me lanzó una mirada de paciencia que conseguí esquivar y proseguí la presentación- Musa y poetisa. Sacerdotisa de Alejandría. Guardiana de los enigmas de este y otros mundos.
Su mirada se relajó y creyó conveniente matizarme un poco:
-Soy escritora.
-Ejem… no he terminado –protesté.
Volvió a sonreír –Bien, bien… termina la presentación.
Y al otro lado Ayo, rufián de rufianes, el único de mis exs al que he creído a bien quitar la palabra. Excelente cocinero que no olvida agregar a sus platos una pizca de traición ni untar con generosidad recochineo a las ínfimas virutas a las que puede reducirte antes de meterte en el horno.
Ayoze comenzaba a estar inquieto –Es una exagerada… yo no soy así.
Me divertí… lo tenía justo donde quería: ante la verdad… y pensaba mostrarle  que los actos hablan del tipo de personas que somos, y que por mucho que pretendiera ser un caballero, si luego se limitaba a apuñalar a la gente… no era merecedor del nobel de la paz precisamente.
-Ok, dejemos que las acciones nos definan. Juguemos a esto: yo cuento una de tus proezas, y luego tu cuentas una de las mías… y que Tam sea testigo de un poco más de la historia del mundo… de nuestra historia. Por última vez antes de que la eche a la lumbre para que se consuma entre las llamas. ¿Prefieres una de cuando estábamos bien y yo enfermaba y tú te ibas con tus amigos porque ya habías quedado con ellos? ¿O alguna más sórdida del final de la relación? La verdad es que creo que estas son las más memorables. Te definen a la perfección.
-Ok, pero yo primero… tú me fuiste infiel… varias veces.
-No recuerdo que me pidieras fidelidad… sólo me pediste ser tu pareja. Busqué en los demás lo que tú no eras capaz de darme. Así podía seguir siendo tu pareja sin estar insatisfecha.  Ahora me toca a mí.
Ayo arrugó la frente. En parte porque él creía que la fidelidad no hacía falta pedirla de forma explícita y en parte porque  ahora me tocaba hablar a mí.
-¿Te acostaste conmigo cuando estaba depre y cuando habías saciado tu libido me dijiste que me alejara de tu vida y tus amigos (algunos de ellos comunes)?
-Sí, pero no me siento orgulloso de ello.
-No estamos hablando de orgullo Ayo, sólo de actos. Ser buena o mala persona no depende de si estás orgulloso de tu forma de actuar, sólo de las cosas que haces con tu libre albedrío…
Los novios acababan de llegar. Hacía años que no veía a Bea. Estaba radiante. No pude resistirme. Corrí hasta ella y la cogí en brazos.
-Estás maravillosa. Me tienes que decir el secreto.
-Trato hecho, pero dejame de nuevo en el suelo.
-¿Qué estabas haciendo?
-Hablabamos de los viejos tiempo... ei... quiero presentarte a alguien.
Bea siguió mi mirada y vió a la chica donde yo estaba hace apenas unos instantes, y en mis ojos la luz de las estrellas... y comprendió todo lo demás.
-En la cena... en la cena... que quiero tenerte atada a la silla para no perderte.
La noche terminó con cena y baile. Abrazos y promesas de volver a vernos antes del siguiente eclipse.
Mi acompañante y yo nos retiramos y ella, tomando mi mano me preguntó.
-¿Entonces crees que es un cretino?
-No, los cretinos no saben lo que hacen. Un cínico sin escrúpulos se adaptaría mejor a la realidad… Me he quedado con ganas de contar la historia…
-Entonces cuéntamela mientras cenamos. Hoy invito yo… ya sabes que nunca me he podido resistir a una buena narración, y tú eres una fuente inagotable de aventuras.
Sonreí y le cogí la mano. Yo tampoco había conseguido nunca resistirme a ella, y conseguir que me mirara sin pestañear los próximos tres cuartos de hora, hacía que los pelos de la nuca se me erizasen.