martes, diciembre 25, 2018

Viaje...


El sol deja paso a la noche y sus estrellas. El frio se apodera de las calles y yo me encuentro de nuevo ante esa puerta. El hotel de los mil terrores. Brillante y callado. Un lugar donde entras por propia voluntad y que abandonas cuando has pagado un precio justo. He recorrido sus pasillos uno a uno... eligiendo con cuidado los miedos a los que podía vencer, y dejando en sus estancias las fobias que lastraban mi alma. Al acercarme se abrió la puerta.
               M-No te esperábamos... pero siempre eres bienvenida.
               La muchacha que hacía de ama de llaves, recepcionista y, en general, de único habitante perpetuo del hotel, me sonrió dulcemente mientras me invitaba a entrar.
               Z-Creo que ya somos casi amigas...
               M-Somos mucho más que eso.
               Z-Lo sé... ya conozco este sitio casi tan bien como a mí misma, y por ende, tú me conoces mejor que nadie.
               M-¿Necesitas una habitación?
               Z-Hoy te necesito a ti.
               Sonreí y sonrió. Le tendí la mano y la tomó con la seguridad de quien ha caminado cien veces por un sendero, y juntas comenzamos a bailar en un vals de corazones inquietos.
               M-¿Añorabas nuestro último baile?
               Z-Desde el instante en que soltamos nuestras manos.
               Y ella se convirtió en una niña, y se sonrojó, y envejeció hasta convertirse en la mujer más vieja de la tierra, y se apoyó en mi hombro susurrando:
               M-Pero sigue sin ser tu hora.
               Y volvió a ser la irresistible joven a la que me costaba seguir el ritmo
               Z-Y seguiré esperando el momento justo en el que puedas ser toda tú en un instante, y recojas mi alma con un beso... pero quería pedirte un favor...
               Sus pies pararon y la curiosidad se grabó en su rostro, como un gato que ve por primera vez un ovillo de lana.
               Z-He conocido a Hades... y quiero volver a verlo.
               M-¿Bajar a los infiernos?
               Z-Y desentrañar sus secretos si hace falta, para atravesar el laberinto que conduce hasta su alma
               M-¿Y si te pierdes?¿Y si no puedes regresar?
               Z-Soy obstinada, temeraria y tengo mucha suerte... en el peor de los casos volveré a verte sin haberlo hallado. Eres la única que siempre me ha amado, la que espera mi regreso... soy consciente de tu existencia en todo aquello que me rodea, y desde que te conocí nunca he vuelto a temer la soledad.
               M-Nadie más mira a la muerte con esos ojos...
               Z-Puede que nadie haya pasado el tiempo suficiente a su lado para conocerla de veras.
               Apoyé mi mejilla en su mejilla, y sentí su aterciopelada piel, cálida como el sol en primavera.
               Z-¿Me ayudarás?
               Respiró hondo y se apartó lo suficiente para mirarme a los ojos.
               M-¿Y si cuando lo encuentres no te quiere?
               Z-No tendré que preocuparme por los "y si" el resto de mi vida
               M-Eres incorregible.
               Z-Y creo que eso es lo que te gusta de mí.
               Sus labios rozaron mis labios... apenas un instante. El mundo colapsó para expandirse de nuevo. La tierra bajo mis pies exhalaba volutas de niebla gris... no había nada... sólo tú... encadenado a un mar de rocas que respiraba... Un coloso dormido en el borde del fin del mundo.
               Z-Hades...
               Aún se veían en tu cuerpo las cicatrices del día que nos conocimos... abriste los ojos, pero tu mirada se perdió mucho más allá de mí. Me senté a tu lado y comencé a hablar:
               Z-Nos conocimos hace tiempo, yo era una creadora de historias y tú tenías un libro de cuentos...