No me gusta el miedo
No me gusta el miedo. Lo conozco demasiado bien. Es escuchar
un ruido acercarse en la maleza, a los perros ladrar en las cancelas y
finalmente ver al lobo, con sus brillantes ojos clavados en ti... y sus
mandíbulas semi-abiertas. Es un microsueño. No es real. No puede hacerme daño,
ni debo reaccionar ante él.
-¿Como distingues lo que es real de lo que no lo es?
-Mis sueños siempre son hiper-realistas. Los colores
demasiado vívidos. Las sensaciones demasiado intensas. Si tuviese sueños
corrientes sería un problema.
Los episodios van y vienen. Cuando estoy enamorada empeora.
Cuando no duermo empeora. Es la reacción de un cerebro hiperactivo... o eso es
lo que me digo a mí misma. No quiero ser normal. No quiero que nada de esto
desaparezca. Me encanta mi vida llena de todos estos placeres y dolores que sé
que nadie más puede saborear. Me hace sentir acompañada. Es tener un rincón
donde esconderte del mundo, donde estás a salvo de todo menos de ti mismo.
-¿Recuerdas cuando empezó?
-Sí... bueno, más o menos... recuerdo cuándo empeoró. Cuando
dejó de ser un sueño y comenzó a mezclarse con la realidad. Soñar he soñado
siempre. A los 15 años estaba enamorada. Mi vida era un conjunto de terrores y
abusos. Comencé a escribir y los personajes escaparon de mis sueños . Comenzó
como un amigo invisible, de estos que tienen los niños... y se fue complicando.
Llegó un momento en el que eran más reales que mi vida... y luego mi vida dejó
de ser un calvario y ellos regresaron a los sueños. Cuando dejé de dormir... volvieron. De forma
aleatoria, mostrándome todo aquello que no quería ver. El dolor, la maldad y la muerte.
-¿Todo ha sido malo?
- Todo lo contrario. Hay imágnes muy bonitas. Mi mente cuenta mi vida "al otro lado" y gracias a esa realidad he amado con más intensidad que cualquier mortal. El rencor deja de tener sentido en un mundo que se diluye y el tiempo es sólo una caprichosa ilusión.

